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Psicología: Transiciones personales

Transiciones personales no son sencillas, a veces las vemos venir, otras veces aparecen de repente, pero como aparezcan tenemos que lidiar con ellas. Ya sean transiciones generadas por decisiones propias o por circunstancias externas.

¿Estamos experimentando una transición?

Es común entrar en una transición casi sin darnos cuenta. A veces nos cuesta precisar los sentimientos o clarificar las capacidades necesarias para enfrentar su nuevo proyecto de vida.

Y aunque se desee actuar, el miedo y la inseguridad generan cuestionamientos y postergación. Nos sentimos atrapados, sin salida.

Sin embargo, se debe tener una disposición positiva, esto ayudar a generar nuevas actitudes y aceptar el esfuerzo.

Transición y cambio

La transición el proceso de cambiar de una forma, estado, estilo o lugar a otro. Mientras que el cambio es el resultado de un intercambio entre lo que se tiene por algo que lo sustituye. Se trata de un resultado.

Como proceso, la transición debe ser visto como el momento a través del cual las personas pueden asimilar el cambio, dejando la manera de cómo eran las cosas y enfocarse en como son las cosas ahora.

Así “manejar la transición” significa ayudar a las personas para que ese difícil proceso sea más fácil y menos doloroso.

En este concepto plantea tres etapas en el proceso de transición:

1. Finalización/Pérdida/Soltar. Durante esta etapa sentimos miedo, negación, tristeza, desorientación, frustración, amenaza, incertidumbre, sensación de pérdida.

2. Zona neutral. Aquí domina el resentimiento hacia el cambio que se empieza a asumir como inevitable, baja la moral con disminución de la productividad, experimentamos ansiedad sobre nuestra identidad y estatus. También aflora el escepticismo acerca del cambio.

3. Nuevo comienzo. Aceptación, retorna la esperanza, la inspiración, el orgullo.

Este modelo detalla los componentes internos dentro de un proceso de cambio. Pero….. ¿Nos podemos preparar para cambios y transiciones?

No podemos anticipar los cambios generados externamente. En cambio, sí es posible prepararnos mejor para enfrentarlas y anticipar las transiciones internas que los acompañan.

Aquí algunas sugerencias que pueden aplicarse en sus transiciones personales.

• Reconocer el síntoma de la transición

Se podría comparar el estado previo a una transición con el síntoma de una fiebre en el organismo. Podemos ignorar lo que ocurre y suprimir el malestar. O colaborar en nuestro proceso, deteniéndonos para observar lo que pasa y tratar de entender el proceso y lo mejor que podemos dar.

• Visualizar nuestro potencial a futuro

Podemos empezar a descubrirlo reflexionando sobre lo que dejamos y lo que nos espera, precisando el vacío entre dónde estamos y donde queremos estar. Debemos estar abiertos para oír lo que suavemente nos apunta nuestro inconsciente, guiando nuestra tranquilidad.

• Asumir la pérdida.

Las emociones correspondientes a la primera etapa de la transición son la respuesta natural ante el dejar atrás algo que sentíamos parte de nosotros mismos. No es grato sentir la incertidumbre, pesar o miedo ante lo que nos espera. La invitación aceptar lo que tanto nos pesa para seguir adelante.

• Cuidar el proceso de transición.

Como en todo inicio, es importante fortalecer las capacidades necesarias para asumir los retos del nuevo destino que estamos conformando. Se debe prestar especial cuidado a nuestras necesidades nutricionales, de ejercicio y de conexiones afectivas para cuidarnos integralmente.

• Celebrar los pequeños logros.

Sentirnos coherentes entre nuestro pensar, sentir y actuar es la mejor recompensa que podemos recibir en cualquier momento de la vida y más aún en una época de transición.

Celebremos serenamente cada uno de los pequeños pasos que nos acercan a nuestra meta. Detenernos un momento para honrar cada hecho concreto de nuestro esfuerzo es una excelente práctica.

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